1/02/2008

Claro-oscuro

Oscuridad... luz; silencio... bullicio; tranquilidad... agitación; pensamiento... caos; nuevamente oscuridad y dos minutos más tarde otra vez luz. La secuencia no se interrumpe, no cambia. Desde Congreso a Catedral, y viceversa, la rutina es constante para los cientos de conductores del subte D: la negrura del túnel en contraste con la luz artificial que quema los ojos.

Inicio el recorrido bien temprano a la mañana. Sin embargo, vivo y trabajo en plena noche; mi horario es de siete a siete… ¿En qué momento voy a enfrentarme a la luz natural? Mi reloj biológico se transformó y me acostumbré a vivir en una eterna penumbra.

Entre estaciones reflexiono... pienso en mis tareas pendientes, traigo a la memoria viejos recuerdos; hasta incluso a veces me doy el gusto de tener pequeñas discusiones filosóficas conmigo mismo. Claramente no es un trabajo para depresivos ya que el túnel se transformaría en el retrato perfecto para el suicido.

Cuando aparece la luz sé que tengo que prepararme para la sorpresa. Normalmente me encuentro con personas sin tiempo y sin ganas de ser estrujados en los diminutos pasillos. Cualquier trastiempo es motivo para una extensa y, muchas veces, encendida discusión. Como responsable del vehículo tengo que cumplir el rol nada grato de mediador: el que siempre finaliza siendo denigrado y golpeado; en términos coloquiales, soy un “blanco fácil”.

Levantarme cada lunes sabiendo que me espera lo mismo de siempre no es alentador. No obstante, mi abuelo retrucaría con un: a mal tiempo buena cara. De esa frase hizo su filosofía de vida y yo recibí ese legado como herencia.

Para muchos el subte es sólo el nexo, el puente que te traslada a un destino específico: a la oficina, a la universidad, a casa. Para mí, en cambio, es una forma de ganarme la vida.


Julio

Conductor de la línea D del subte

“Una visión con acción puede cambiar el mundo”

Estefania Navarro

Tiene 21 años y estudia publicidad en la Usal (cursa 3 año). Desde muy chica comenzó con su “misión” de ayudar al prójimo, que continúa hasta estos días.

El mediodía porteño tenia su habitual movimiento y era inminente que los nubarrones, que tenia sobre mi cabeza, se transformaran en lluvia muy pronto. La cita era en su casa y la amistad de 3 años facilitó la concertación del encuentro. Luego de un delicioso almuerzo y con fuertes precipitaciones de fondo comenzó él dialogo.

Estefanía, desde adolescente empezó a desarrollar su espíritu solidario “Empecé con las misiones en 3 año del secundario y mi primera experiencia de este tipo fue a Jujuy (pueblo de Alfarcito a 4500 metros de altura) con 12 compañeros, 3 profesores y un sacerdote”. Vale recordar que esta joven es oriunda de Azul (provincia de Buenas Aires) y se transportó a Capital para estudiar. También en su cuidad, paralelamente a su importante aporte en las misiones, participaba por medio de una parroquia, sirviendo como apoyo escolar a chicos de un comedor: “ le dábamos la merienda y los ayudamos con la tarea del colegio. Esto lo realice 2 años y se terminó cuando me vine para Buenos Aires”.

Su llegada a la “Cuidad de la furia” no amedrentó su predisposición solidaria: “ en 1 año de la facultad me anoté en las noches de caridad del colegio San Agustín”. Ella y los demás chicos se juntaban a rezar un rato; luego repartían comida en la plaza Barrientos, ubicada en el barrio de Recoleta. Es durante esta actividad, donde la estudiante conoció a chicos que la informaron sobre la misión que organizaba dicho colegio. En el 2006, realizo la preparación para la “Misión a Salta”, que iba a ser en enero de 2007: “Estuvo muy bueno porque fuimos los colegios San Agustín de Capital, de Mendoza y de Salta”. La lluvia no cesaba y las destacadas opiniones de Estefanía sobre su misión a Salta tampoco: “ Me encanto esta experiencia ya que nos levantábamos alrededor de las 6 de la mañana, oración mediante, salíamos a visitar a las familias. La verdad es que nos esperaban muy felices y nos recibían maravillosamente. Por la tarde hacíamos distintas actividades y jugábamos con los niños”.

Ya transcurrida la mitad de la entrevista, “Estefa”, como la llaman sus amigos más cercanos, me comento porque le urgía realizar todas estas actividades: “ Soy católica y siempre fui a misa, pero la razón más importante me surge de algo más interno que te mueve; que me llena de ansiedad , de decir quiero hacerlo ya. Creo que lo que uno va y deja es mínimo en comparación de lo que se lleva, ya que todas esas experiencias te llenan muchisimo como ser humano”.

La pregunta que pronto acomete es por qué hay gente que no le pasa lo mismo que a Estefanía, y su respuesta es verdaderamente conmovedora: “ La verdad que no entiendo porque cuando transmitía proyectos solidarios a mis amigos, no se entusiasmaban para nada y, en cambio, yo quería empezarlos ya; es cuestión de darse cuenta lo que uno va a transmitir y la enseñanza que se va llevar.”

Esta joven no se priva de nada hablando en términos de solidaridad y también nos cuenta su experiencia en el voluntariado que realizó, hace pocos meses, en Escobar (provincia de Buenos Aires): “Participé en un “Techo para mi País”, que es un proyecto que llegó a Capital en el 2005. Este consta de etapas como lo son la construcción de viviendas de emergencias, talleres para formar a la gente y, finalmente, la entrega de mini-préstamos. Está todo muy bien organizado y el proyecto me cerró por todos lados. La verdad es una experiencia muy recomendable y que vale la pena hacer. Hoy hay 600 voluntarios que hacen posible que cada año se realice esto.”

El cordial dialogó iba llegando a su fin pero todavía había tiempo para conclusiones: “Se puede ayudar en todo momento y de muchas formas, la misión de uno es todos los días. A mí lo que más me llena en mi vida es ir ayudar al prójimo”. Para terminar, Estefanía me comentó que en el voluntariado de este año había aprendido una frase que sintetizaba muy bien todo lo que es la solidaridad: “Una visión sin acción no pasa de un sueño. Acción sin visión sólo es un pasatiempo, pero una visión con acción puede cambiar el mundo”. Esta ultima cita me dejó pensando unos segundos de cómo todavía hay gente que desde su anonimato lucha día y noche por cambiar a una sociedad, que para ellos aun vale la pena.

Cuotas que promocionan por bolsillos que recursan

¿Se acuerdan cuando la inflación no existía? ¿Cuándo los precios quedaban estacionados y no se modificaban? La política imperante hoy es: “sujeto a modificaciones”.

El aumento de las cuotas en las carreras de Periodismo, Publicidad y Relaciones Públicas se suma a la economía reinante.

Los estudiantes desconocemos el porqué de lo sucedido en la institución. Nuestro lema es “comunicar”, cada uno de nuestros días aprendemos a mantener un mismo código entre todos; pero hoy nos encontramos con la ausencia del dialogo. Las preguntas simplemente no tienen respuestas.

¿Hasta cuando se pretende seguir en esta situación?. ¿Nadie tomó el recaudo de notificar a los estudiantes el nuevo rumbo de la cuota del mes de noviembre? ¿No es acaso el alumnado él que mensualmente deposita dinero?

La indignación proviene del silencio. Ante la enérgica y querellante demanda, la respuesta fue: “...” (sic). Nadie sabe nada al respecto. Una vez más los estudiantes vuelven a caer en el mismo juego de siempre.

¿Quien se esconde detrás de la alarmante suba de dinero? Las respuestas brillan por su ausencia.

Si la noche es de los museos, el día pertenece a los cines

El “tiempo libre” permite acudir a las múltiples propuestas que la ciudad de Buenos Aires nos ofrece a cada instante. Cada una de ellas se distingue por su originalidad y se caracteriza por imponer un modo de entretenimiento distinto.

En ¿cuánto sabes de...? te proponemos ir en busca de lo tradicional. De la mano del cine y los museos, decidimos involucrarnos en el mundo del arte y la cultura, acompañados de la mirada particular que tienen sobre éstos los jóvenes argentinos.

Un recorrido por los pequeños barrios de la gran ciudad, demostró que el deseo lúdico supera cualquier obstáculo. Sin embargo, a la hora de elegir, las preferencias son notables, y la mayoría tiende a inclinarse por la belleza de la pantalla grande.

Los cines reciben a miles de jóvenes que buscan captar en ellos propias motivaciones. Los estrenos en cartelera ofrecen una amplia variedad de opciones para todos los gustos. El suspenso, la comedia y la acción son algunas de las alternativas disponibles. Los shoppings son objeto principal de atracción: Abasto de Bs As, Paseo Alcorta, Alto Avellaneda, Cinemarks, son notorias muestras de establecimientos que cuentan con salas adecuadas y adaptadas para el disfrute del público.

No hacia falta preguntar ¿Quién no fue alguna vez al cine?; de hecho no obtuve respuesta negativa alguna. No obstante, tampoco recibí un “no” como contestación al interrogar ¿Quién acudió alguna vez a un Museo?. Creer que los adolescentes no frecuentaron alguna vez el Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro Cultural Recoleta, el Museo Histórico Nacional del Cabildo y Revolución de Mayo o el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, es sin duda el mal concepto que tienen profesores y autoridades de entidades educativas respecto a ellos. La falsa presunción se debe a que éstos escépticos no apuestan al interés personal de cada uno de sus alumnos y no conocen sus verdaderas expectativas. Insomnio salió a recorrer las calles y comprobó que muchos jóvenes han tenido contacto con el arte y la cultura visual. Incluso, la mayoría ha visitado a, por lo menos, un museo y sabido admirar el esplendor y la magnificencia de las obras que en él encontraron.

Finalmente, no quisimos concluir nuestra ardua tarea de resaltar el lado artístico, sin antes recurrir a la incógnita trascendental. ¿Recordás algún cuadro que te haya llamado la atención?: “Mmm, había muchos pintores y muy buenos, pero no recuerdo mucho sus nombres”. El titubeo en la respuesta es sólo la apariencia que invita a pensar que a los jóvenes no les interesan los museos; más, como hemos comprobado, ese es nada más y nada menos que un mito.

Esclavas del sexo

Prostitución en pleno centro porteño-

OJOS QUE NO VEN, LEYES

QUE NO SE CUMPLEN

Viernes, 11.pm-esquina de Callao y Corrientes.

Camino distraído; absorto en pensamientos totalmente ajenos a la realidad que me circunda.

¡Mujeres!-exclama alguien a mi lado, casi como un susurro pero con la clara intención de que yo lo oiga.

Levanto la cabeza y lo encuentro. Un hombre con un pequeño volante en mano me ofrece servicios sexuales, dejando de lado los eufemismos, una prostituta.

El ¡no!, casi indignado, sale disparado de mi boca. El extraño, lejos de darse por aludido ladea la cabeza y pronto encuentra su siguiente potencial cliente. ¡Mujeres!, vuelve a gritar. La situación observada desde un costado me recuerda a un viejo mercader que, verborrágico y grotesco, cuelga a disposición y a vista de los peatones las pieles animales que tiene para vender.

La nueva “víctima” parece interesada. Conversan, más bien murmuran una suerte de secreto a voces. Sin mayor retraso, el desvergonzado “proxeneta” le pasa una mano por el hombro al recién llegado y lo acompaña hasta el interior de una casa ubicada a pocos pasos.

La escena descripta en el párrafo anterior se repite noche tras noche sin encontrar contravención ética o legal alguna que le imponga un freno. Los volantes (ver foto), lejos de ser repartidos de forma clandestina, atacan la decencia de cualquier porteño que desee hacer uso de un teléfono público; a éste lo encontrarán plagado de estos inmorales anuncios.

Vale destacar, en primera instancia, que el Código Penal Argentino no concibe a la prostitución o a la venta de sexo voluntaria como un delito; si lo hace en los casos en los que la mujer u hombre se ve obligada/o, ya sea por amenazas, violencia, relaciones de poder, subordinación o dependencia, a realizar tales servicios (art. 125 bis, 126 bis, 127 bis.). Sin embargo, tras consultar la cuestión con el Licenciado en Abogacía, radicado en Capital, Alejandro D’Almeida, sale a la luz una excepción vigente en el Código de Convivencia Urbana de la Ciudad de Buenos Aires. Esta última, contemplada en el artículo 71 y promulgada en el año 1999, bajo el apaño del por el entonces jefe de Gobierno, Fernando De la Rua; dicta lo siguiente: “Se prohíbe la oferta y demanda de servicios sexuales en la vía pública...”. La ley agrega en incisos posteriores que, exenta de intenciones discriminantes a homosexuales o travestidos que deseen practicar la vocación, la misma responde a una razón de convivencia pacífica y respeto de la moral por y hacia los habitantes de la ciudad. Destaca también, en sus últimos renglones, que todo aquel que incumpla tales ordenanzas deberá ser sometido a trabajos comunitarios, multas y cortos períodos tras las rejas.

Una breve conversación telefónica con la mujer que responde el llamado al número que figura en el volante, confirma mis sospechas: Voz femenina:_ Hola

Cronista: _Hola, me preguntaba si están disponibles las chicas.

Vf: _ Mirá lindo, ahora no, pero un poquito más tarde sí.

C:_ Y...¿ cuánto saldría el servicio?

Vf:_ Si te acercás hasta acá, te cuesta 20 pesitos. Si querés que vaya a tu casa, la tarifa es la misma sumándole el precio de los taxis de ida y de vuelta. ¿Vos dónde estás?

C:_ Bueno, muchas gracias... (corte telefónico)

Con la certeza de que lo que hacían aquellos muchachos, situados en la intersección de Callao y Córdoba, era nada más y nada menos que “ofrecer servicios sexuales en la vía pública”, la única tarea pendiente era recurrir a la policía.

“No podemos hacer nada”, es la respuesta esbozada por el primer oficial que encuentro al entrar en la comisaría 16, ubicada en Callao y Las Heras. A pesar de la irrefutable prueba de los anuncios, los propios volanteros parados día a día en la misma esquina y el fácilmente comprobable negocio que se desarrolla delante de sus narices, el agente alega que mientras ellos no presencien el momento exacto en el que se efectúa el pedido o el ofrecimiento de relaciones sexuales a cambio de dinero, no pueden hacer nada. Al respecto de la obvia presunción que cualquier hombre o mujer medianamente razonable hace a partir de los burdos volantes, los supuestos protectores de la ley y el orden prefieren no dar explicaciones sustentables sino contestar con el agravio y la ironía: “No nene, nosotros no nos basamos en presunciones por más explícitas que sean; si fuera por eso, iríamos en cana todos”

La ley, “atada de manos”, no entrega respuesta concienzuda ni eficaz alguna. Mientras tanto, los hombres, mujeres y niños que transitan por las calles del centro continúan padeciendo la difusión de un delito ya cuasi-legalizado. ¡Así no va!.

Ella

Su nombre irrumpió de la nada; simplemente, cuál inesperada e impredecible epifanía, derrumbó un muro de vaguedad y tinieblas, y se situó para no alejarse en los labios de aquella musa, que perniciosa y cínica, no dudo en susurrarlo a mi oído. Ahora ya es tarde, su semblante no podrá ser borrado de mi mente; mucho menos su imagen: su desgarbada pero esbelta y provocativa figura, su rauda cabellera, su amable y acomedida voz, sus acuosos y tintineantes ojos, testigos ¿ingenuos? de mi sumisión.

¿Volver a la trama original? Lo intentaría... lo intentaré. Pensaba, más bien cavilaba inseguro, relatar la historia de una pareja de intrépidos aventureros que, ávidos por un destino incierto y azaroso, emprenden un arriesgado periplo... Vuelve a acometer; esta vez sus arrebatos son aún más fuertes, más incisivos. Su sonrisa es ahora la mía, su mirada, mis ojos; su andar, mi sendero... Lo siento, no lo logro. Ataca despiadada donde más me duele; no me permite pensar, idear, ni crear. Ni en sueños me libro de su delicado roce: suscita y protagoniza mis delirios taciturnos; no tratan de ella, lo son.

La veo acercarse, la esquivo; auto-saboteo mis intentos de que no me vea... me dejo llevar. Acaso, ¿sabrá de mi dolor...? ¿lo comprenderá? ¿Se regodeará en él? ¿Morbosa e inhumana, insistirá adrede en sus inocentes y despropositadas caricias o simplemente no ha caído en la cuenta de la cruel tortura que, diariamente, ejercen sobre mi?

¿Hablar con ella? ¿Confesarle, indefenso, hasta el último de mis indebidos y promiscuos sentimientos? No, no puedo... no debo. El silencio, mi silencio, es la única arma de la que aún me puedo valer para evadir un ridículo mayor. Sí, admito que mi titubeante y trémulo tratar para con ella releja sin tapujos mi patética situación. Pero, ¿seré sólo yo el único que la advierte o es la decencia ajena y el prejuicio al rumor lo que aún mantiene indemne mi imagen de una verdad que no podría negar?

Es tarde para recapitular; serían infructuosos mis intentos de hilvanar ideas y atar cabos, y tejer, una vez más, la narración con la que había imaginado llenar estos renglones. Una historia, sin duda, más frívola y descomprometida, pero seguro de mayor atractivo que la deplorable miscelánea de desaciertos ¿amorosos? en la que finalmente me he explayado.

Agonizo en la tentativa de caer en su amistad, otra vez. Cursi, lastimoso, casi prosaico se torna mi discurso. ¿Amigo de la persona de la cual estoy enamorado? Paradójico, pero penosamente habitual. ¡No!, prefiero su indiferencia a su mejilla.

¿Por qué?

* ¿Por qué , la flamante senadora y candidata a presidente, Cristina Fernández de Kirchner se pasea por todo el mundo haciendo gala de sus trajes y maquillaje, en vez de hacer campaña en su tierra?

*¿Por qué el escrutinio en la provincia de Santa fe demoró sólo 4 horas y el de Córdoba 16?

*¿Por qué, repentinamente, todos los argentinos aseguramos fervientemente que siempre apoyamos y mantuvimos una confianza ciega en “los Pumas”?

*¿Por qué el polémico caso de la valija de los 800.000 dólares se dio a conocer recién un lunes, cuando en verdad, ocurrió un sábado?

*¿Por qué todos juran y perjuran no ver Showmatch o Gran hermano y, sin embargo, dichos programas continúan midiendo, día a día, más de 25 puntos de rating?

Paseador de perros en Vicente Lopéz

Guido (21)

Vive en Olivos, a 3 cuadras y media de la Quinta Presidencial, en una casa muy linda junto a su hermana, mamá y papá.

Dice que en su casa están más tiempo sus amigos que el resto de los habitantes. Cede de importantes torneos de “Winning Eleven”, Guido no duda en ofrecerla siempre y cuando se trate de previas a boliches (preboli), mates, o… lo q sea.

Cuando le preguntamos “¿Qué haces de tu vida?” Contestó, muy decidido y casi riéndose, “Paseo perros de la zona”.

¿Pero nada más eso? No. Guido esta en 2 año de Ciencias Políticas en la UBA (No puede creer que esté en esa instancia, porque al principio: “Creí que no pasaba el CBC”). Dice que reniega todos los días del gobierno y que por eso quiere aportar (si el día de mañana se gana un lugar) un granito de arena para que las cosas, al menos, empiecen a cambiar un poquito; “Veo mucha impunidad, injusticia, corrupción…”.

¿Y por qué paseador? “No sé porqué paseo perros, que sé yo… me gustan los animales y la verdad es que todavía no estoy buscando trabajos en serio. Además, siempre fui de caminar mucho porque me gusta y me distiendo, así que se me ocurrió que por ahí también estaba bueno que me paguen por hacerlo”. (Risas).

Antes llevaba su Mp3 con música (escucha “Smitten”, “Cielo Razzo” y otras bandas, pero esas en primer lugar), pero después se dio cuenta que era necesario y hasta imprescindible escuchar lo que pasaba a su alrededor, mientras se ganaba unos 6 o 7 pesos por hora por cada perrito que paseaba.

“Nunca tuve problemas importantes con los perros y sus dueños; o sea, jamás atropellaron o se perdió alguno, sólo una vez se pelearon un par y uno de ellos salió lastimado, nada más. Sólo que nunca más volví a pasear a ese perro lastimado”.

Es paseador 3 veces por semana, más o menos dos horas por día, según lo que le toque. Pero siempre a la tarde porque a la mañana estudia o cursa. Y después, dice que no hace nada más que tocar la guitarra, leer y escuchar música, pero nada de televisión.

No está de novio, pero el día que lo esté, piensa que tendrá que cambiar de trabajo porque “los gastos que estar en pareja significan, no podrán ser saldados…”.

¡Aprovechemos todos que Guido sigue soltero, llamalo (cobra barato)!

“No todo lo que se muestra es la única realidad”

Padre Andrés Agüere

Tiene 37 años y hace varios años es el rector del colegio Del Salvador de Buenos aires. Pasen y vean a una persona que demuestra que su solidaridad se la debe a la fe.

La tarde soleada iba cayendo sobre la capital. Las demoras habituales en el tránsito no impidieron que llegue tarde a la cita con una persona con todas las letras. Lo saludé con la confianza de una relación que viene de muchos años. Como siempre, él me recibió con su habitual sonrisa y cordialidad que lo caracteriza. En su oficina, ya adentro del colegio, con música clásica de fondo, comenzó la entrevista.

La primera frase ya indica su ideología y pensamiento: “el espíritu solidario me surge de la vocación cristiana”. Desde chico Andrés empezó a trabajar para los demás: “yo trabajé 7 años en San Miguel, en un barrio popular donde me acerqué mucho a gente, con necesidades materiales, que me marcó el corazón”. Luego, me pasó a comentar, con una tranquilidad que llama la atención, su función solidaria dentro de la institución en la que trabaja: “todo lo que son el voluntariado y la misión a la Rioja, uno intenta en los últimos años darle una continuidad y un empujón. Pero si vos tuvieses que resumir todo esto, está un poco llamado a una cuestión de fe y de amor al prójimo”.

A medida que pasaba el tiempo, me empezaba a dar cuenta que la persona que tenía enfrente hablaba con muchos fundamentos y eso es algo que no se encuentra en cualquier esquina de nuestra cuidad. La fe fue una palabra que se nombró mucho en los minutos que estuvimos dialogando: “Uno puede ser solidario sin tener fe, pero en lo personal a mí me mueve mucho la fe. En el caso mío, la solidaridad esta movida por la fe y la búsqueda de Jesús en el otro”. Entonces, podríamos decir que para éste, la fe sí mueve montañas.

El momento de hablar de los jóvenes argentinos había llegado y su opinión es muy particular: “Yo creo que en los jóvenes de hoy en día están presente la fe y la solidaridad. En muchos se expresa la fe en la ayuda al otro, en grupos y en colegios; pero también hay personas que no tienen una creencia tan clara pero son capaces de entregar su tiempo y creatividad por el otro”. Cada palabra que pronuncia deja percibir un discurso optimista y esperanzador: “Yo apuesto por la juventud y no creo que esté perdida, ya que uno tiene que tener esperanza porque no todo lo que se muestra es la única realidad. Para Agüere, hay una realidad que no se muestra y no todo está tan mal como se dice: “la realidad es buena positivamente hablando, pero después hay cosas de ésta que se transforman en cosas que no lo son; es distinto, el mundo en cuanto a tal tiene que ser un lugar atrayente para trabajar”. También tuvo tiempo para hacerle una pequeña critica a los medios de comunicación: “Las cosas buenas cotidianas no salen en la tele o en los diarios, pero están…”.

La conversación iba llegando al final, sin embargo el cristiano no quería que me retirara sin antes dejarle un mensaje al prójimo, que vale la pena leerlo y pensarlo: “yo invitaría a todos los jóvenes a ser generosos con lo que son, con lo que han recibido y con compartir todo lo que puedan ofrecer, porque todo eso después se multiplica”.

Finalmente, llega una cálida despedida y al cruzar la puerta percibí que dejaba atrás a una persona que manifiesta su realidad no sólo en las palabras, sino también en sus hechos: un claro ejemplo a seguir por todos.

El gen argento es más Simpson que Fierro

¿Querés comprobar que la población argentina, cada día, aporta menos conocimiento cultural a este mundo? Seguramente sabés que lugar ocupa la televisión y el privilegio que se le concede. Ahora es el momento de averiguar si la cultura y el espectáculo poseen un valor simbólico y si van de la mano.

Momento para que conozcas, “¿CUANTO SABES DE…?”

Hoy te presentamos cómo los argentinos se avergüenzan de sí mismos. Jóvenes adolescentes pasaron la prueba de fuego y nosotros salimos a desenmascarar sus conocimientos.

La serie “Los Simpson”, sin duda es una de las más vistas por todo el mundo y pocos no saben quiénes son “Moe y Flanders”. De los jóvenes encuestados, el 100% afirmó diciendo: “Moe es el cantinero, el que atiende el bar donde Homero toma cerveza”; “Flanders es el vecino de Homero”. Ninguno de ellos demoró en dar respuesta a la ingenua pregunta. Sin embargo, quisimos seguir descubriendo que más saben acerca del mundo de la farándula.

En esta oportunidad nos dirigimos al cine en busca del protagonista de la película “Troya”, filmada en el año 2004. Comprobamos que los jóvenes hombres tardaron más de treinta segundos en dar una simple contestación, mientras que las mujeres no titubearon en decir “Brad Pitt”.

Sabrán mucho de las incrédulas interrogantes que enmarcan a la “caja boba” y al “gigante televisor” como lo es el cine, pero poco conocen de la cultura argentina o, peor aún, desconocen el término “cultura”.

Pero no nos aboquemos a explicar significados sino a responder preguntas: ¿Sabés quién fue Martín Fierro?. Y ahora sí tratemos de entender respuestas: “Martín Fierro es hijo de Fierro..... en “Son de Fierro”; son textuales palabras de un adolescente de 15 años.

No quiero deshonrar a aquellos que acertaron la respuesta o estuvieron al límite de convertirla en correcta. Pero para todos ellos y para los que aún desconocen la solución, Martín Fierro es símbolo del gaucho, hombre de campo que habitó las pampas argentinas (obra del genio de José Hernández).

Nuestra siguiente inquietud fue rememorar fechas patrias y es por eso que en alusión al mes de octubre, decidimos averiguar: ¿Qué es el día de la raza? Al parecer, los adolescentes no saben, no contestan o responden con un toque de humor: “el día de los animales”.

Aclaremos la siguiente situación al público lector, el “Día del animal” se festeja el 29 de abril en homenaje a Ignacio Lucas Albarracín, un incansable luchador por los derechos de los animales. El “Día de la raza”, conmemorado el 12 de octubre, fue instituido para unir aquellos pueblos o países que tienen en común la lengua, el origen o la religión. Se puede considerar entonces esta fecha como ocasión propicia para detenerse a pensar y reflexionar que las naciones americanas deben ser plurales en lo cultural, lo étnico y lo racial. No olvidar además, la celebración del descubrimiento de América por Cristóbal Colón.

Ya es momento de poner punto final a nuestras interrogantes. Hemos descubierto todo aquello que nos hacía falta para comportarnos como seres civilizados; ahora es tiempo de incorporar los contenidos y empezar a “pensar” antes de hablar.

Probablemente, la “caja boba” y el “gigante televisor” no nos dejen respirar; pero es tiempo de observar cuanto conocemos del mundo que nos rodea y de cuanto contenido insignificante estamos envueltos.

El normal 58, hoy

Hace dos años, y durante algunos días, la transitada calle Corrientes fue testigo de una marcha estudiantil en reclamo de mejoras en el Colegio Normal Nº 58 Domingo Faustino Sarmiento, ubicado sobre Callao. La prensa cubrió la protesta con gran interés y la opinión pública se dividió en dos.

Algo similar sucede hoy, 24 meses después, en el pensamiento de algunos alumnos. Martín, de cuarto año, asegura haberse ido a su casa y no participar del corte. “No era la forma, aunque reconozco que la situación del colegio en ese momento era muy mala”, recuerda. No piensa lo mismo Ramiro, su compañero de banco: “Yo sí participe un ratito un día, pero creo que la mayoría de los que estábamos ahí quizás nos sentíamos atraídos por la mediatización que se nos dio y no por la causa”.

Los ojos siempre abiertos de Insomnio volvieron a entrar al colegio, luego del 2005, para ver las condiciones actuales de la infraestructura.

Se nota que hubo obras durante el último tiempo que supieron solucionar los problemas más urgentes de esa época: techos a punto de caerse, puertas sin picaportes y ventanas rotas. Además, se han calefaccionado algunas aulas (un porcentaje muy bajo respecto al total) y se espera que se instalen ventiladores y se arreglen los existentes para las estaciones calurosas venideras. Sin embargo, algunos estudiantes aseguran que en los últimos seis meses se volvieron a caer partes de un techo y que varias de las refacciones no se completaron.

Silvia Ledo, vice-directora del instituto, confirma lo denunciado por los educandos. “Si bien se llegó a terminar muchos de los arreglos, quedaron algunos aspectos que faltan reparar”, cuenta. Asimismo, Ledo piensa que el Gobierno porteño contrató a la empresa constructora para hacer sólo una parte de las restauraciones, pero reconoce que la evolución fue satisfactoria.

Marina y Belén, dos alumnas de segundo año, confrontan sus opiniones en cuanto a la situación reinante. La primera está contenta con las modificaciones en el colegio, mientras que la segunda asegura que están muy por debajo de los colegios normales. “Hay mucho por mejorar”, se queja.

Los cambios siempre producen reacciones encontradas. Algunas muy orgullosas del presente, viendo lo decrépito que fue el pasado. Otras conformes con el hoy en día, pero con un brillo temeroso en los ojos que mira hacia el futuro. Las últimas, prefieren mantener el espíritu crítico y no dejarse llevar por efímeras esperanzas, con miedo a que la historia se repita.

Insomnio atestigua que el avance dijo presente en el Normal 58, pero todavía la palabra “educación” no retumba con todas sus fuerzas en los pasillos.

George W. Bush

Profesión: Lic. en Historia

Master en Administración de empresas

Ocupación actual: Presidente de los Estados Unidos de América

Vocación: Genocida

La desdibujada y fustigada fama que se le endilga, actualmente, al presidente de los Estados Unidos, posee irrevocables raíces, no sólo en su nefasto accionar actual, sino también en su truculento pasado. Echemos un analítico y detenido vistazo al sombrío historial del hombre más poderoso del mundo.

George Walker Bush llegó al mundo, que hoy tanto se ensaña en destruir, el 6 de julio de 1946. A pesar de haber sido parido en el estado de Connecticut, cuando contaba con sólo dos añitos se transportó, junto a su familia, a Texas.

El primer escalón, que tras una larga escalera lo llevaría al mando del país, fue la victoria en las elecciones estatales (1994). Tras un mandato sin mayores sobresaltos, el hijo mayor de George H. W. Bush (ex presidente) y Barbara Bush, logró su reelección (1998). Sin embargo, no llegaría a completar su segundo cuarteto, ya que en el año 2000 se postularía para la presidencia.

Perlita negra: Como he aclarado, George no finalizó su segundo período, no obstante, los seis años en el gobierno del estado del sur, le bastaron para transformar su cinismo y morbo en un record: 152 fueron las ejecuciones que avaló George W. Bush mientras gobernaba el ex estado mexicano (el máximo en la historia del país).

A finales del año 2000, pero no sin antes “ganar” dudosas elecciones (virtualmente, se había declarado un empate con el candidato demócrata Al Gore, pero el Tribunal Supremo terminaría inclinado la balanza a favor del republicano), George W. Bush alcanzó la presidencia de los Estados Unidos de América.

Ya acomodado al fausto y lujo de la Casa Blanca, y lejos del explicito apaño a las inyecciones letales y de las polvorientas calles de Texas, Bush, hijo, debió enfrentar una de las más trágicas catástrofes que padeció el país: el atentado a las torras gemelas (11 de septiembre del 2001). Sin casi llorar a sus caídos, el ex gobernante de Texas enarboló la bandera de la venganza e inició una cruzada en busca del supuesto ideólogo del atentado: Osama bin Laden. Por entonces, se presumía que el siniestro personaje saudí, líder de la red Al Qaeda, se alojaba en tierras afganas. El 7 de octubre del 2001, las primeras bombas cayeron sobre el país asiático. La débil y precaria resistencia del régimen talibán fue infructuosa frente al desarrollado poderío bélico del “Tío Sam”. Así, para el 13 de noviembre, Kabul y las principales ciudades de Afganistán, ya habían caído en manos de la Alianza del norte (guerrilla contraria al régimen talibán) y de los Estados Unidos. Sin embargo, el tan controvertido Osama, no había dado señal alguna de presencia. Convenientemente, tras derrocar al régimen gobernante, Bush “aprovechó” la ocasión para dejar influyentes emisarios que asegurarían la explotación del gas y el petróleo; ambos abundantes en la región.

Con una excusa aún más infame e inverosímil que la anterior, y sin contar con el aval de la ONU, el 3 de marzo del 2003, Bush, respaldado por Tony Blair (Inglaterra) y José María Aznar (España), ordenó la invasión a Irak.

Ésta vez, el mandamás “yanqui” aseguró que su cruzada era en nombre de un concepto tan altruista como la defensa de la democracia. Alegó también, que el país en cuestión era poseedor de armamento nuclear. Sin embargo, tras meses de encarnizadas batallas, cientos de muertes de ambos bandos; incluso tras la caída de Bagdad y la captura del dictador Sadam Hussein (el mal personificado, según Bush), dichas armas no aparecieron. Una vez más, un manto de incongruencia y desconfianza envolvió los motivos de la campaña militar. Y una vez más, el cínico mandatario estadounidense aprovechó la “visita” para fomentar la explotación de los numerosos pozos de petróleo del lugar.

Actualmente, George Walker Bush, el hombre que supo reemplazar al voto y la libre expresión por las metrallas y bombas teledirigidas, como herramientas emblema de la democracia; preside su segundo mandato al frente de los Estados Unidos.

Hasta el día de hoy, los conflictos exhortados por el presidente George Bush, en Afganistán e Irak, ya se cobraron 667.336 vidas. La cifra aumenta día a día...

Placeres extraviados

A lo largo de los años me vi enredado en distintos acontecimientos en los que no quise involucrarme; acontecimientos que ahora quisiera afrontar pero tampoco me atrevo. Para ello debo hablar de algo que desde el principio de los tiempos figura entre las cosas que no deben hacerse: No desearás a la mujer de tu prójimo.

Comencé a revisar mis recuerdos y reparé en la cantidad de oportunidades que soslayé entre los dieciocho y los veinticinco años.

La esposa de aquel tío mío que me obligó a invitarla a bailar en una fiesta familiar y me excitó con sus murmullos y sus roces y, días después, cuando partí de viaje, me hizo llegar un recuerdo insignificante pero sugerente, acompañado de una nota breve y provocadora.

Esa amiga de mi madre que, con veinte años más que yo, se me insinuó repetidas veces con sus miradas y palabras de elogio a mi juventud cuando estábamos reunidos alrededor de la mesa familiar.

Aquella abogada que se mostró dispuesta a abandonar a su marido para poder iniciar una relación amorosa que amenazaba transformarse en algo profundamente tormentoso.

Y la mujer de un pariente lejano, muy cerca de los cincuenta, que compartió, en una reunión multitudinaria, algunos momentos de acercamiento y contacto que yo disfruté pero dejé pasar, por miedo a producir un hecho censurable.

No puedo olvidar tampoco a la prima de mi adolescencia con quien intercambié caricias, besos y momentos de sublime comunión, que no llegaron a consumarse.

Estos casos quizás generen una duda acerca de mis inclinaciones sexuales, pero puedo decir que, sin embargo, intercalado durante esos avatares, no vacilé en satisfacer mis deseos con otras mujeres no prohibidas. Hoy, cuarenta años después, me pregunto en nombre de qué principios morales rechacé esas oportunidades.

A la luz de estos recuerdos y de la evolución de las costumbres, me digo que hoy no dejaría pasar esas ocasiones. Pero entonces repaso mis últimos años transcurridos, no precisamente en celibato, y recorro los senderos en que noto que esta madurez mía no está acompañada por el desprejuicio, ni desprovista de nuevas oportunidades; sin embargo, invertidos los papeles en la cuestión de las edades, sigo con mis dudas. No daré ejemplos recientes para evitar que alguien pudiera descubrir quiénes son las mujeres con las que pude ser y no fue.

Veo mucha represión en las actitudes de toda mi vida; quizá debería recurrir a alguien para que analizara las causas de mis frustraciones, pero la única persona confiable que conozco es la esposa psicóloga de un amigo mío, la cual ha insistido varias veces para que nos encontremos en su consultorio.

Y no me animo.

Tierra de nadie

Llegar a Buenos Aires puede ser para muchos estudiantes una experiencia traumática. No sólo se encuentran en una ciudad que sienten ajena sino que también ven cambiados sus ritmos de vida de forma vertiginosa. A modo de “pequeño” agregado está el eterno miedo a ser injuriados... golpeados... asaltados.

La plaza Rodríguez Peña, ubicada en el cruce de Paraguay y Callao, lejos de ser un lugar para distenderse, engendra temor entre los alumnos. De día nada sale de su curso normal. Los colectivos se congestionan, los trabajadores corren a las oficinas, los chicos van al colegio y, hasta incluso, hay lugar para clases de yoga. Sin embargo, apenas cae el sol la plaza se convierte en tierra de nadie.

Jóvenes vestidos de negro y con las uñas pintadas protagonizan la escena, según lo relata Helida, residente hace 50 años en la zona. Ella reitera indignada que el momento clave es a las 20, cuando drogadictos y borrachos transeúntes acaparan la atención. Diversos estudiantes ya fueron víctimas de estos “espectros de la noche”.

Para Claudia, comerciante de la zona, el cerrar su negocio a las 20 se convirtió en un credo. El problema no está en los indigentes, sino en los chicos que con la inocente excusa de limpiar los vidrios se hacen dueños de las pertenencias de otros.

Los encargados de mantener la plaza limpia están acostumbrados a encontrar documentos y billeteras despojadas de dinero. Juan, quien empieza su jornada a las seis de la mañana, suele hallar diversos elementos que denotan claramente la existencia de ilícitos en la noche anterior. Meses atrás había un policía durante la madrugada pero hoy, el horario laboral ya no es tiempo completo. En palabras de Juan “la Federal cierra a las 18”.

Hay muchos culpables de los robos. No obstante, hallar a los verdaderos responsables de la seguridad no es tarea fácil. Por el contrario, parece un laberinto sinuoso y enmarañado.

La comisaría número 17, ubicada en Callao y Las Heras, no da respuestas favorables a los vecinos. Si bien es la dependencia encargada de la plaza, ésta se desentiende aduciendo: “no podemos informar nuestros modos de seguridad”. Mientras tanto, vidrios, teléfonos públicos y árboles son dañados cruelmente (diariamente).

“A través del Departamento de Comunicación Social y la División Prensa se da inicio desde hoy a una respuesta espontánea de carácter comunicacional para asistir a la ciudadanía con un nuevo y fluido diálogo” son las palabras que utiliza la Policía Federal Argentina desde su pagina web. No obstante, la división prensa no abre puertas y no atiende llamados. Solamente deriva las comunicaciones al Comando Radioeléctrico que, siguiendo la supuesta política de la estructura, elige no responder.

Por su parte, la dirección de Espacios Verdes (dependiente del Gobierno de la Ciudad) no puede denunciar los robos, ya que el horario de patrulla de los voluntarios finaliza a las 16.

Es evidente que la situación es provocada por un encadenamiento de factores. La plaza Rodríguez Peña pasa de mano en mano y nadie se atreve a frenar el círculo y ver qué es lo que pasa. Los responsables parecen presos de una infinita burocracia, donde lo que prima no es estar “al servicio de la comunidad” sino cumplir el horario y “fichar”. ¿Cómo armar un país en medio de semejante ineptitud? Así, ¡no va!


No te muevas, no hables

Daniel...aunque para la mayoría soy “el correntino”. Bueno... para los más amigos simplemente “el corren”. Un jueves 4 de mayo sucedió todo. ¿Cómo olvidarlo? eran las 21 exactas. Caminaba bordeando la plaza sin apuros... iba a una clase de Historia de la Cultura a la que solía llegar con el tiempo contado. Ese día no pude asistir.

Un chico alto, pero no más grande que yo, me prende por el hombro sin escrúpulos. Quería una moneda. Sin dubitación le di la primera que encontré (un peso). Para ese entonces ya tenía del otro lado otro muchacho que me agarraba del brazo derecho y me decía la tan temible frase no te muevas, no hables. La gente pasaba, no me miraba, no querían ser testigos, mucho menos comprometerse.

Creí haber visto un objeto punzante, en ese momento no me atreví a sacarme la duda. Mis pasos se volvían lentos, mi tensión subía, las manos se me empapaban. En el centro de la plaza me despojaron de todo lo que tenía: la campera, un reloj, plata y la mochila. ¡Tenía mis apuntes!. Seguía habiendo gente alrededor y nadie hizo nada, absolutamente nada.