1/02/2008
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Seremos el sereno siempre atento en un mundo de eterno sueño.
“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que el también era una apariencia, que otro estaba soñando.”
Nuestros ojos entumecidos, aún soñolientos, no pueden... no quieren abrir. Acostumbrados a un velo negro de incomunicación e injuria, han sido entrenados en una visión acomodaticia de la realidad; ya no recuerdan como ver; mucho menos como mirar.
Los medios “invaden”; se atreven a perturbar nuestra cápsula de seguridad y hábito; los atendemos y nos convencemos de haber cumplido con nuestra cuota de interés humano diaria, y sin embargo... algo nos falta.
El andar callejero no refleja la “verdad” impuesta desde las expertas esferas de la farsa y la sobreactuación, pero siempre está la otra vereda, pensamos; ladeamos la cabeza y redirigimos nuestra vista hacia un enfoque más distendido y de nulo compromiso social. El dilema se vuelve incoveniente cuando no encontramos ese otro punto.Y es allí, en ese ínfimo lapso de dubitación y libertad que nos concede el libre pensar, que nos preguntamos. ¿Qué es lo que nos falta?
La historia de hombres mundanos en lugares comunes, el histérico e incansable grito de protesta sobre una injusticia tan explicta como ignorada, la retracción a una polémica que jamás encontró su paz, el impiadoso y antojadizo juicio a un enemigo de la conciliación, la cruda puesta en escena del desconocer y la indifencia reinante en la sociedad; esto es lo que nos falta; esto es “Insomnio”.
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