1/02/2008

George W. Bush

Profesión: Lic. en Historia

Master en Administración de empresas

Ocupación actual: Presidente de los Estados Unidos de América

Vocación: Genocida

La desdibujada y fustigada fama que se le endilga, actualmente, al presidente de los Estados Unidos, posee irrevocables raíces, no sólo en su nefasto accionar actual, sino también en su truculento pasado. Echemos un analítico y detenido vistazo al sombrío historial del hombre más poderoso del mundo.

George Walker Bush llegó al mundo, que hoy tanto se ensaña en destruir, el 6 de julio de 1946. A pesar de haber sido parido en el estado de Connecticut, cuando contaba con sólo dos añitos se transportó, junto a su familia, a Texas.

El primer escalón, que tras una larga escalera lo llevaría al mando del país, fue la victoria en las elecciones estatales (1994). Tras un mandato sin mayores sobresaltos, el hijo mayor de George H. W. Bush (ex presidente) y Barbara Bush, logró su reelección (1998). Sin embargo, no llegaría a completar su segundo cuarteto, ya que en el año 2000 se postularía para la presidencia.

Perlita negra: Como he aclarado, George no finalizó su segundo período, no obstante, los seis años en el gobierno del estado del sur, le bastaron para transformar su cinismo y morbo en un record: 152 fueron las ejecuciones que avaló George W. Bush mientras gobernaba el ex estado mexicano (el máximo en la historia del país).

A finales del año 2000, pero no sin antes “ganar” dudosas elecciones (virtualmente, se había declarado un empate con el candidato demócrata Al Gore, pero el Tribunal Supremo terminaría inclinado la balanza a favor del republicano), George W. Bush alcanzó la presidencia de los Estados Unidos de América.

Ya acomodado al fausto y lujo de la Casa Blanca, y lejos del explicito apaño a las inyecciones letales y de las polvorientas calles de Texas, Bush, hijo, debió enfrentar una de las más trágicas catástrofes que padeció el país: el atentado a las torras gemelas (11 de septiembre del 2001). Sin casi llorar a sus caídos, el ex gobernante de Texas enarboló la bandera de la venganza e inició una cruzada en busca del supuesto ideólogo del atentado: Osama bin Laden. Por entonces, se presumía que el siniestro personaje saudí, líder de la red Al Qaeda, se alojaba en tierras afganas. El 7 de octubre del 2001, las primeras bombas cayeron sobre el país asiático. La débil y precaria resistencia del régimen talibán fue infructuosa frente al desarrollado poderío bélico del “Tío Sam”. Así, para el 13 de noviembre, Kabul y las principales ciudades de Afganistán, ya habían caído en manos de la Alianza del norte (guerrilla contraria al régimen talibán) y de los Estados Unidos. Sin embargo, el tan controvertido Osama, no había dado señal alguna de presencia. Convenientemente, tras derrocar al régimen gobernante, Bush “aprovechó” la ocasión para dejar influyentes emisarios que asegurarían la explotación del gas y el petróleo; ambos abundantes en la región.

Con una excusa aún más infame e inverosímil que la anterior, y sin contar con el aval de la ONU, el 3 de marzo del 2003, Bush, respaldado por Tony Blair (Inglaterra) y José María Aznar (España), ordenó la invasión a Irak.

Ésta vez, el mandamás “yanqui” aseguró que su cruzada era en nombre de un concepto tan altruista como la defensa de la democracia. Alegó también, que el país en cuestión era poseedor de armamento nuclear. Sin embargo, tras meses de encarnizadas batallas, cientos de muertes de ambos bandos; incluso tras la caída de Bagdad y la captura del dictador Sadam Hussein (el mal personificado, según Bush), dichas armas no aparecieron. Una vez más, un manto de incongruencia y desconfianza envolvió los motivos de la campaña militar. Y una vez más, el cínico mandatario estadounidense aprovechó la “visita” para fomentar la explotación de los numerosos pozos de petróleo del lugar.

Actualmente, George Walker Bush, el hombre que supo reemplazar al voto y la libre expresión por las metrallas y bombas teledirigidas, como herramientas emblema de la democracia; preside su segundo mandato al frente de los Estados Unidos.

Hasta el día de hoy, los conflictos exhortados por el presidente George Bush, en Afganistán e Irak, ya se cobraron 667.336 vidas. La cifra aumenta día a día...

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