Cada día son noticia los forzados, en algunos casos violentos, desalojos de cartoneros de las inmediaciones de algunos parques o puentes de la Ciudad de Buenos Aires. La peculiaridad de estos desafortunados acontecimientos recae en que los hombres y mujeres, que son obligados a desplazarse de estos reservorios verdes protegidos por el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, no son vagabundos ni limosneros, sino afanosos trabajadores que despojados de un elemento esencial para el eficaz cumplimiento de su labor, han tenido que adoptar medidas extremas. ¿De qué trabajo hablamos? La recolección y consiguiente venta de cartón. ¿De qué “elemento esencial” los han privado? Del tren blanco. ¿Qué medidas extremas? Han optado por instalarse en precarios campamentos erguidos cerca de las zonas de mayor recolección (Barracas, Belgrano, Saavedra), sacrificando así su regreso diario a casa. Para aquellos que no frecuentan las líneas de tren Mitre y Sarmiento con asiduidad, a continuación una breve exposición sobre la naturaleza de la controversia: el tren blanco consistía en un servicio diario (recorría el trayecto entre las 22 y 24 horas aproximadamente) que transportaba a los cartoneros junto a sus carros desde distintos puntos de la Capital Federal hacia los barrios del conurbano donde viven y comercializan la materia recogida en los centros de reciclado.
Sin embargo, la frágil pero provisoriamente funcional realidad a la que se habían acostumbrado cientos de argentinos fue repentinamente derrumbada de una semana a otra. Con argumentos poco fiables y aún menos loables, la empresa TBA, reguladora del servicio de ferrocarriles, inhabilitó el funcionamiento del tren. Alegó el vocero del ente, Gustavo Gago, que la formación utilizada para dicho horario se encontraba en paupérrimas condiciones y que ponía en riesgo la vida de sus eventuales ocupantes. Además, agregó que el contrato concebido con la Secretaría de Transporte de la Nación sólo los avala a trasladar pasajeros y no carga. Por tales motivos, y sin mediar concertación alguna con los recolectores de cartón para llegar a un acuerdo, la locomotora fue súbitamente detenida el 28 de Diciembre pasado. Días después, una resolución de la justicia porteña intimó a la empresa a reponer el servicio hasta arribar a un acuerdo entre las partes. Es hasta el día de hoy que el tren blanco no se ha vuelto a ver circular.
Alarmado por la fatal amenaza de que algunas de sus suntuosas y pintorescas plazas se ensucien y de que el bronce de sus imponentes monumentos se empañe con el sudor de los descamisados recién llegados, el flamante jefe de Gobierno, Mauricio Macri, pactó con TBA el financiamiento de una solución paralela para desocupar los espacios “invadidos”: se pondrían en funciomiento entre 30 y 40 camiones que llevarían las respectivas cargas de cartones y papel hasta algunos centros estratégicos del conurbano. No obstante, la medida es rotundamente rechazada por la mayoría de los cartoneros, ya que el paliativo ofrecido por el Gobierno no satisface todas las necesidades: no acarrea metales, ni permite subir a los mismismos recolectores, que exhaustos y desaseados, deben cruzar la Gral. Paz por su cuenta a altas horas de la noche.
La debacle del 2001 los pauperizó; hoy, la indiferencia popular y la inacción oficial los margina. Son cartoneros... son trabajadores y exigen el regreso del Tren Blanco.
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