4/02/2008

Payada de ida


"A campo cerrado, vihuelas y gargantas aprestas”


La agreste e hipócrita realeza del fértil deshojar
se desnuda vivaracha frente a su redituable maizal.
Ofendida y rencorosa comienza a marchar
junto a quien recién ayer aprendió a vestirse de su par.
Son estos últimos, los sin zapatos, los que saben caminar,
y es por ellos, sólo por ellos, por los que hoy me atrevo a pregonar.
Le ruego, lector, no confundáis al pequeño Don Quijote con los
gigantes de viento que se enriquecen a expensas de su lánguido galopar.
La conciencia se hace tribu y se atreve a desafiar,
con cacerolas y chapas de aluminio, a la bestia
que desde su atril amenaza avasallar a todo
iluso que se oponga a su demagógico mandar.
Chacareros y peones de sol a sol, en esta copla
nos sumimos a su digno y admirable despertar.

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