2/04/2008
El joven cangrejo y la bella estrella de mar
El cangrejo vive entre las piedras, él se limita a pasearse por las aterciopeladas playas místicas, alrededor de las 3 de la tarde. Justo cuando el sol esta más arriba y su calor es tan abrasador. Pocos se aventuran a pasear por ese suelo ardiente de oro triturado. Pero al cangrejo le encanta sentir ese calorcito tan candente, tan puro, tan nítido; deslizándose por la orilla del mar es donde la encuentra a ella.
Hermosa, divina, ahí, asomándose entre la espuma del mar tan blanca y transmitiendo tanta pureza como el cielo en ese horario, despejado y hermoso. El cangrejo siente una gran exaltación, nunca antes percibida en él, se da cuenta que sus ojos se postran en esa belleza, que lo mira, lo mira constantemente, si no fuese rojo se ruborizaría.
El cangrejo se acerca, cauteloso pero a la vez ansioso, una mezcla perfecta entre el relámpago y la calma previa a él. Comienza a hacer una danza hipnótica, en estos temas los cangrejos de esta parte del mundo son tan místicos como las mismas playas, sus cuerpos se tornan de un color rubí perfecto cuando a la hora de la siesta el sol brilla en su caparazón.
Derecha, izquierda, izquierda y derecha, comienza a danzar, comienza su baile de seducción, espectáculo hermoso, bello, lleno de magia. La orquesta marina complementa este show, éste milagro .Ya son las 3,30 de la tarde, nuestro amigo carmesí a estas alturas, ya está cediendo en su intento de conquista, seguramente se debe estar preguntando ¿qué sucede, por qué esa divinidad no salió del agua para abalanzarse sobre él y caer enamorada a sus encantos?
En ese minuto de cavilación, una voz, que no es percibida por nadie más que por aquel cangrejo, emana del mágico ser. Le ha pedido que abandone su caparazón y que se sumerja con ella en la marea. Es una estrella de mar, claro por eso sólo vive si está en el agua, pero el cangrejo está muy encariñado con su coraza, es su casa, es su hogar. Pero ella lo vuelve a repetir con su lenguaje fresco y efervescente, entonces el joven cangrejo lo piensa, duda por un largo periodo y por fin lo vemos decidirse.
Primero un pata luego la otra y en un minuto ya estaba afuera de su gran armazón, que visto desde afuera parecía una fortaleza impenetrable, amplia y hermosa, hermosa fortaleza escarlata. El cangrejo (¿será prudente seguir llamándolo así?) se despide en silencio con una suerte de reverencia a su antiguo hogar, a su acogedora vida de antes y mira al mar. Algo incrédulo pero a la vez también decidido se aventura en busca del amor.
4 en punto de la tarde, el cangrejo, se ahogó, sin su caparazón, no pudo resistir la estocada de una gigantesca ola, que lo alcanzó de costado y lo arrojó a las profundidades del océano. Su paradero es incierto, pero lo que si se sabe es que no llevaba ninguna protección, su escudo había quedado varado, vacío en la orilla…
No sabemos con certeza la motivación de las estrellas de mar, si es que para matar el tiempo a la siesta tientan a jóvenes cangrejos a que abandonen la seguridad de su hogar y se sumerjan con ellas en el océano, o si acaso son envidiosas de sus hogares, de sus caparazones tan majestuosos, únicos y que con el rayo del sol se tornan tan atractivos.
Cuantas historias parecidas se deben desarrollar día a día, siesta a siesta y nadie las observa, nadie se detiene a ver porque un cangrejo a las 3 de la tarde se mueve de derecha a izquierda y viceversa. Sólo, como simples humanos, se ríen cuando sus niños encuentran la coraza vacía, que se asemeja a un corazón, y la utilizan como juguete, pateándola, tal y como hacen las estrellas de mar.
Hermosa, divina, ahí, asomándose entre la espuma del mar tan blanca y transmitiendo tanta pureza como el cielo en ese horario, despejado y hermoso. El cangrejo siente una gran exaltación, nunca antes percibida en él, se da cuenta que sus ojos se postran en esa belleza, que lo mira, lo mira constantemente, si no fuese rojo se ruborizaría.
El cangrejo se acerca, cauteloso pero a la vez ansioso, una mezcla perfecta entre el relámpago y la calma previa a él. Comienza a hacer una danza hipnótica, en estos temas los cangrejos de esta parte del mundo son tan místicos como las mismas playas, sus cuerpos se tornan de un color rubí perfecto cuando a la hora de la siesta el sol brilla en su caparazón.
Derecha, izquierda, izquierda y derecha, comienza a danzar, comienza su baile de seducción, espectáculo hermoso, bello, lleno de magia. La orquesta marina complementa este show, éste milagro .Ya son las 3,30 de la tarde, nuestro amigo carmesí a estas alturas, ya está cediendo en su intento de conquista, seguramente se debe estar preguntando ¿qué sucede, por qué esa divinidad no salió del agua para abalanzarse sobre él y caer enamorada a sus encantos?
En ese minuto de cavilación, una voz, que no es percibida por nadie más que por aquel cangrejo, emana del mágico ser. Le ha pedido que abandone su caparazón y que se sumerja con ella en la marea. Es una estrella de mar, claro por eso sólo vive si está en el agua, pero el cangrejo está muy encariñado con su coraza, es su casa, es su hogar. Pero ella lo vuelve a repetir con su lenguaje fresco y efervescente, entonces el joven cangrejo lo piensa, duda por un largo periodo y por fin lo vemos decidirse.
Primero un pata luego la otra y en un minuto ya estaba afuera de su gran armazón, que visto desde afuera parecía una fortaleza impenetrable, amplia y hermosa, hermosa fortaleza escarlata. El cangrejo (¿será prudente seguir llamándolo así?) se despide en silencio con una suerte de reverencia a su antiguo hogar, a su acogedora vida de antes y mira al mar. Algo incrédulo pero a la vez también decidido se aventura en busca del amor.
4 en punto de la tarde, el cangrejo, se ahogó, sin su caparazón, no pudo resistir la estocada de una gigantesca ola, que lo alcanzó de costado y lo arrojó a las profundidades del océano. Su paradero es incierto, pero lo que si se sabe es que no llevaba ninguna protección, su escudo había quedado varado, vacío en la orilla…
No sabemos con certeza la motivación de las estrellas de mar, si es que para matar el tiempo a la siesta tientan a jóvenes cangrejos a que abandonen la seguridad de su hogar y se sumerjan con ellas en el océano, o si acaso son envidiosas de sus hogares, de sus caparazones tan majestuosos, únicos y que con el rayo del sol se tornan tan atractivos.
Cuantas historias parecidas se deben desarrollar día a día, siesta a siesta y nadie las observa, nadie se detiene a ver porque un cangrejo a las 3 de la tarde se mueve de derecha a izquierda y viceversa. Sólo, como simples humanos, se ríen cuando sus niños encuentran la coraza vacía, que se asemeja a un corazón, y la utilizan como juguete, pateándola, tal y como hacen las estrellas de mar.
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