2/10/2008
¡Matemos a Carlos Saúl Menem!
Profesión: abogado.
Ocupación actual: político en agonía.
Vocación: facineroso.
Existe y se escucha de la boca de la mayoría de la gente que proviene del Interior del país la frase que asegura, hasta con firmeza mística, que “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires”. Inmerso en un mundo en el que todo debe tener su opuesto casi por obligación, no pierdo tiempo en ponerme a pensar acerca de donde se encuentra el bunker del señor de las tinieblas. Una leyenda septuagenaria dice que está en nuestro mismo país, sin ninguna cordillera ni río que atravesar, a poco más de 1000 kilómetros de la sede celestial. La cuna del diablo se llama Anillaco, y su ángel negro es “el Carlo’”.
La lava ardiente de la provincia cuyana dio forma a esta criatura el 2 de julio de 1930, “gracias” a sus padres sirios.
Ya con sus 18 años cumplidos, se mudó a Córdoba en donde se recibió de abogado. En 1956, fue arrestado por primera vez por imponerse al golpe de Estado de Pedro Eugenio Aramburu, quien derrocó a Perón un año antes.
El fundador del Movimiento Peronista de La Rioja fue electo gobernador de su provincia en 1973. En marzo del 76’, tras el derrocamiento de la presidente María Estela Martínez de Perón, volvió a dormir tras las rejas por orden de la Junta Militar y su “Proceso de Reorganización Nacional”. Él junto, a sus cuernos y tridente, quedaron retenidos durante cinco años, hasta que el sol lo volvió a encandilar en febrero de 1981.
Al igual que antes, la vuelta de la democracia lo volvió a llevar a la Casa de Gobierno riojana en 1983. La furia de la gente y la cantidad de saqueos, que se elevaban tanto como la inflación en los mercados, hicieron que la oscuridad llegará a la Ciudad de Buenos Aires el 14 de mayo de 1989, cuando asumió como Presidente de la Nación Argentina tras la renuncia de Raúl Alfonsín.
Ya desde los primeros meses de su primera presidencia empezamos a perder, en este caso, instituciones públicas. Canales de televisión y las dos empresas más importantes del país de ese entonces, YPF y Gas del Estado, quedaron en manos de personas para las cuales el español era un jeroglífico sin intención de descifrar.
Luego, llegó el momento de ingresar a la realidad virtual, la de la buena vida económica mientras que la deuda externa devoraba el futuro a medida que crecía. El presidente recibía estrellas internacionales y paseaba en autos Ferrari, mientras algunos comían caviar sobre una tierra desquebrajada. ¡Por el amor del Diablo!
La desocupación comenzó a escalar montañas sin cimas durante la crisis del Tequila, que insólitamente tuvo secuelas en nuestra nación.
Ya acostumbrado a sus trajes a medida, Satán comenzó a vestir el disfraz más nefasto de todos, el de Poncio Pilatos. El reloj marchó para atrás en 1989 y 1990 cuando se indultó a los grandes responsables del último genocidio dictatorial. Se les designó arresto domiciliario a algunos, como el Satanás supremo Videla, y otros fueron sobreseídos de sus inexorables culpas.
A los dos años y en 1994, la ciudad tembló cuando la Embajada de Israel y la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) volaron al cielo junto a un total de 114 víctimas fatales. Con el objetivo de desviar a Siria de cualquier responsabilidad, el demonio se lavó las manos con sobornos a los implicados.
Deseoso de seguir bebiendo la sangre argentina, consiguió que Alfonsín pacte con el Diablo en Olivos y, así, se posibilitó una segunda temporada en la Casa Rosada.
El segundo período mantuvo la misma crueldad que el de su debut, con la multiplicación de casos de corrupción y una fuerte crisis institucional que llevó, entre otras cosas, a la renuncia de su Ministro de Economía, Domingo Cavallo.
Sin llegar a saciarse con tanta maldad, aspiró a una tercera reelección, pero se dio cuenta que su larga y puntiaguda cola había empezado a hacerse notar en la sociedad.
Su última carrera por el sillón de Rivadavia fue en 2003 cuando, tras haber ganado la primera vuelta con el 25% del escrutinio, decidió abandonar el ballotage ya que las encuestas predecían un aplastante triunfo de Néstor Kirchner con un 60% de diferencia entre ellos.
Este año sus coprovincianos tuvieron la posibilidad de elegir ser regidos nuevamente por la bestia. No lo hicieron. En su cuna Anillaco tampoco, fue la cuarta elección por orden de votos.
El 15 de marzo de 1995, Carlitos, el primogénito de Luzbel, murió cuando su helicóptero embistió unos cables de tensión. Orificios hallados en la nave dieron el puntapié para la hipótesis de un asesinato, descartando la conjetura del accidente, que se caratuló desde el primer momento. Los intereses de Mefistófeles lo pusieron del lado del incidente, mientras que su esposa, harta de la irrealidad a la que invocaba su marido, decidió abandonar la eterna promesa de amor y la quinta de Olivos para comenzar a luchar por el esclarecimiento del asesinato de su hijo. Hoy, los pocos testigos que hubo del hecho están misteriosamente muertos.
Otra descendencia peleó por su identidad. Carlos Nair Meza, tras el suicidio de su madre y el ingreso a un reality show, recibió el reconocimiento paternal. El Diablo metió la cola: lo llevó de gira con su nueva “gran hermana” Zulemita a los escenarios de su campaña por toda la provincia para mostrar una difusa imagen de unidad.
Por esto y mucho más, hoy elevamos nuestra estaca de plata sobre el pecho de éste Lucifer y apuntamos directamente a su inexistente corazón. Y ahora, cual Van Helsing en busca de los demonios, continuaremos aniquilando poéticamente a los seres vivientes con poco mérito para serlos.
Ocupación actual: político en agonía.
Vocación: facineroso.
Existe y se escucha de la boca de la mayoría de la gente que proviene del Interior del país la frase que asegura, hasta con firmeza mística, que “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires”. Inmerso en un mundo en el que todo debe tener su opuesto casi por obligación, no pierdo tiempo en ponerme a pensar acerca de donde se encuentra el bunker del señor de las tinieblas. Una leyenda septuagenaria dice que está en nuestro mismo país, sin ninguna cordillera ni río que atravesar, a poco más de 1000 kilómetros de la sede celestial. La cuna del diablo se llama Anillaco, y su ángel negro es “el Carlo’”.
La lava ardiente de la provincia cuyana dio forma a esta criatura el 2 de julio de 1930, “gracias” a sus padres sirios.
Ya con sus 18 años cumplidos, se mudó a Córdoba en donde se recibió de abogado. En 1956, fue arrestado por primera vez por imponerse al golpe de Estado de Pedro Eugenio Aramburu, quien derrocó a Perón un año antes.
El fundador del Movimiento Peronista de La Rioja fue electo gobernador de su provincia en 1973. En marzo del 76’, tras el derrocamiento de la presidente María Estela Martínez de Perón, volvió a dormir tras las rejas por orden de la Junta Militar y su “Proceso de Reorganización Nacional”. Él junto, a sus cuernos y tridente, quedaron retenidos durante cinco años, hasta que el sol lo volvió a encandilar en febrero de 1981.
Al igual que antes, la vuelta de la democracia lo volvió a llevar a la Casa de Gobierno riojana en 1983. La furia de la gente y la cantidad de saqueos, que se elevaban tanto como la inflación en los mercados, hicieron que la oscuridad llegará a la Ciudad de Buenos Aires el 14 de mayo de 1989, cuando asumió como Presidente de la Nación Argentina tras la renuncia de Raúl Alfonsín.
Ya desde los primeros meses de su primera presidencia empezamos a perder, en este caso, instituciones públicas. Canales de televisión y las dos empresas más importantes del país de ese entonces, YPF y Gas del Estado, quedaron en manos de personas para las cuales el español era un jeroglífico sin intención de descifrar.
Luego, llegó el momento de ingresar a la realidad virtual, la de la buena vida económica mientras que la deuda externa devoraba el futuro a medida que crecía. El presidente recibía estrellas internacionales y paseaba en autos Ferrari, mientras algunos comían caviar sobre una tierra desquebrajada. ¡Por el amor del Diablo!
La desocupación comenzó a escalar montañas sin cimas durante la crisis del Tequila, que insólitamente tuvo secuelas en nuestra nación.
Ya acostumbrado a sus trajes a medida, Satán comenzó a vestir el disfraz más nefasto de todos, el de Poncio Pilatos. El reloj marchó para atrás en 1989 y 1990 cuando se indultó a los grandes responsables del último genocidio dictatorial. Se les designó arresto domiciliario a algunos, como el Satanás supremo Videla, y otros fueron sobreseídos de sus inexorables culpas.
A los dos años y en 1994, la ciudad tembló cuando la Embajada de Israel y la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) volaron al cielo junto a un total de 114 víctimas fatales. Con el objetivo de desviar a Siria de cualquier responsabilidad, el demonio se lavó las manos con sobornos a los implicados.
Deseoso de seguir bebiendo la sangre argentina, consiguió que Alfonsín pacte con el Diablo en Olivos y, así, se posibilitó una segunda temporada en la Casa Rosada.
El segundo período mantuvo la misma crueldad que el de su debut, con la multiplicación de casos de corrupción y una fuerte crisis institucional que llevó, entre otras cosas, a la renuncia de su Ministro de Economía, Domingo Cavallo.
Sin llegar a saciarse con tanta maldad, aspiró a una tercera reelección, pero se dio cuenta que su larga y puntiaguda cola había empezado a hacerse notar en la sociedad.
Su última carrera por el sillón de Rivadavia fue en 2003 cuando, tras haber ganado la primera vuelta con el 25% del escrutinio, decidió abandonar el ballotage ya que las encuestas predecían un aplastante triunfo de Néstor Kirchner con un 60% de diferencia entre ellos.
Este año sus coprovincianos tuvieron la posibilidad de elegir ser regidos nuevamente por la bestia. No lo hicieron. En su cuna Anillaco tampoco, fue la cuarta elección por orden de votos.
El 15 de marzo de 1995, Carlitos, el primogénito de Luzbel, murió cuando su helicóptero embistió unos cables de tensión. Orificios hallados en la nave dieron el puntapié para la hipótesis de un asesinato, descartando la conjetura del accidente, que se caratuló desde el primer momento. Los intereses de Mefistófeles lo pusieron del lado del incidente, mientras que su esposa, harta de la irrealidad a la que invocaba su marido, decidió abandonar la eterna promesa de amor y la quinta de Olivos para comenzar a luchar por el esclarecimiento del asesinato de su hijo. Hoy, los pocos testigos que hubo del hecho están misteriosamente muertos.
Otra descendencia peleó por su identidad. Carlos Nair Meza, tras el suicidio de su madre y el ingreso a un reality show, recibió el reconocimiento paternal. El Diablo metió la cola: lo llevó de gira con su nueva “gran hermana” Zulemita a los escenarios de su campaña por toda la provincia para mostrar una difusa imagen de unidad.
Por esto y mucho más, hoy elevamos nuestra estaca de plata sobre el pecho de éste Lucifer y apuntamos directamente a su inexistente corazón. Y ahora, cual Van Helsing en busca de los demonios, continuaremos aniquilando poéticamente a los seres vivientes con poco mérito para serlos.
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1 comentario:
matemos a menem
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